25.1.26

De aves que florecen


 De la pluma 

como semilla

 brotó un pinzón primero


tras de el


               la parvada entera


    devoró

              el árbol del que brotaron


 semillas, que como plumas


    volaron 


   y el bosque nació.



La negra pluma abrigó al zanate


  arrastró la obscuridad


Pequeña dicha es


  convertirse de ave a parvada


de parvada a profunda noche 


Cada trigal guarda un sol por semilla;


  la espiga rie 


  cuando el aire le da alas de oro.



15.1.26

Tardío

A medias, piso el camino con cautela:

los pies trotan sobre el lodo

que a veces resbalan en el hielo,

y casi patinan sin quebrarlo 


Me hallo en la mitad de una grieta 

cautiva por este instante minúsculo

donde mi rostro apenas muta 

y aún me reconozco en el espejo


Olvidé qué semillas dejé caer

pero ya emergen los brotes tercos

como cada año


el ciclo se reinicia dos veces:

el 1° de enero y en mi cumpleaños

mas algunos azares tambalean el almanaque 

caen en días inesperados

como encuentros fortuitos

como estornudos

como lluvias en diciembre


se pulveriza la certeza

la ambigüedad abraza cálida 

y me abriga bien.




13.1.26

Realeza


Cargamos una corona invisible:

de espinas oxidadas,

de naturaleza muerta

o de latón que pesa.

 

En la misma calle rota,

un anciano olvida a dónde iba,

un niño vende chicles bajo la lluvia

una mujer arrastra bolsas llenas

de latas vencidas,

pero el mendigo que comparte su pan

y el banquero que condiciona su firma

llevan el mismo trono dentro:

frágil, sucio, audaz

tienen un corazón que late

con dolor, con fuerza o ahogado

por facturas, por gritos o silencios.

 

Esta tierra es divina a ratos:

huele a sangre seca y a jazmín fresco,

a desperdicios y a pan recién horneado.


A veces

los tesoros son una moneda encontrada

en el bolsillo de un abrigo viejo,

suficiente para un café caliente en la mañana más fría

y con ese brillo nos basta.

 

No hay maldad pura,

sólo manos que tiemblan

cuando aprietan el gatillo o el puño,

la fortuna es efímera

pero el aliento

—nuestro aliento—

entra

sale,

y en este reino

se queda.