Hay un tiempo dentro del tiempo que hace un paréntesis entre los días del calendario
Ese tiempo en que el deseo pende en una aguja que apenas cose las algarabías o tragedias subsecuentes
suele estar colmado o vacío
de tardes que parecen alborecer y noches eternas que se acortan cada que se acerca el fin de ese paréntesis
Dentro de la rutina hay otras tantas que esclarecen la maquinaria cronometrada
que marca el ritmo del sinsentido,
de la supervivencia
Es mejor no tocar los recuerdos
Es mejor moldear la vigencia
No es nunca el mejor momento
hasta que llega
Lo que llega, permanece tanto como cualquier perecedero
Porque todo nace y todo muere y en medio hay una vida que corre a prisa tras el viento
que como el tiempo, se diluye y se expande
se transforma todo en lo mismo con siluetas desvariantes
Con la luminiscencia intermitente que son los años que prenden y apagan las existencias sensibles
Prende el fuego en segundos una obra de siglos
El fuego en un segundo encierra la totalidad de la historia
Y estamos en esta sala de espera sin esperar nada
Sólo querer congelar el instante






