- inspirada en los cuadros de Lilia Carrillo
Quizá el busto de Palas se ha quedado sin cuervos,
solo tecolotes afinan flautas de hueso
en vez de ulular al amor que aún florece
bajo el polvo solar
que muere con la caída de Ícaro
Escarabajos azotan la hoja arrancada,
garabatean la sinfonía sideral
en una partitura de ladridos.
No eran sueños ni aullidos,
sino la queja seca, amarga,
de un cielo que tose alquitrán.
Lava escurría de fauces abiertas,
no hubo canto mayor
que las consignas de lucha
grabadas en nubes quebradas:
réquiem a lo que fue azul.
Un cuello de telaraña sostiene
el encaje de luz agonizante,
una partitura en tormenta silba
su melodía geométrica,
vapor en litografía,
condensado en textiles rotos
con apenas un acento púrpura.
En cada milímetro de vida
asoma la muerte, ojo maduro
sobre la faz del tiempo
que se acaba
conforme a la canción
interrumpida en compás de infarto.
Y abajo,
los cerdos chillan entonados,
armonía grotesca,
al ver que la pastura terca, indiferente
sigue dando verdor.

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