Salir victoriosos del encierro. En su defecto, salir con
anécdotas memorables.
Mantener (a toda costa) la salud mental.
Realizar caminatas nocturnas de incógnita a manera de
ejercicio.
Tener una dieta nutritiva, sabrosa y saludable (sí, las tres).
Continuar sin consumo de alcohol y tabaco (al menos).
Ahorrar. Siempre ahorrar. Y a veces comprar por Amazon.
Cuidar y procurar los empleos (si los hay o sigue habiendo).
No descontinuar rituales de luna llena.
Tiempo de calidad laboral.
Tiempo de calidad sexual.
Elegir lecturas de variado impacto.
Videollamar a los amigos, distorsionar y reafirmar su
recuerdo.
Jugar con las mascotas. Educarlas si hay interés de ambas
partes.
Evitar que el gato atrape otro colibrí.
Evitar que el perro sea cómplice del gato.
Regar las plantas (unas diario y otras no).
Comerse las zarzamoras (o se las comen los zanates).
Procurar que la casa esté no tan sucia (o limpia de ser
posible).
Cordialidad con nuestros compañeros de cuarentena.
Meditar. Al menos calmar la mente.
Aceptar el enclaustro.
Y lo más importante:
NO ENLOQUECER.
No enloquecer.
No enloquecer.
No enloquecer.
No enloquecer.